Molde

Siempre le gustó jugar a ser Dios, tener el poder sobre la vida, sentenciando con quimeras cuestiones.

Cogió un trozo de luna, vertió dos en uno, ancló sus cadenas con hilos de Invierno y agitó con fuerza, dejando reposar las intenciones entre los bordes del sueño.

Se imaginaba cómo sería e idealizaba cada susurro de su piel en la memoria.

La destreza con la inteligencia en un único soplido de ADN, equivocó camino y el resultado se vertió en el cuerpo creado.

Nada podía ser, aquel Dios era el mayor fraude y las largas expectativas se cayeron en el cuerpo roto, ahora sólo escuchas aullidos en la noche, ocultando entre escayos el dolor moldeando oscuridad.

¿Y si al juntar «la plastilina», ésta se rebelara a ser creación?.

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