El borde de la cicatriz

Deslizo sobre los escalones blancos como si el color no fuera nunca a cambiar y mi piel se ajustara a la funda de su mirada, los caminos dibujan en pieles miles de señales que desfilan entre las montañas negras. Se amontonan las cenizas de lo vivido tras las mochilas vacías de esperanza. Mientras los gritos se quejan como niños malcriados de no tener cima donde orinar las horas aisladas entre arena y resaca. La vida continúa entre melodías que anuncian que aquel zarpazo no fue ni picotazo, la herida viaja a la incauta coraza. Podría contarle entre las páginas la historia de una teclas despistadas entre susurros de jadeos, mientras los pixels se apilan entre montones de aceitunas buscando el camino de regreso a su boca. Un rayo golpea el sueño, despierta entre deseos de bajar la persiana y volar al horizonte y el chasis no lleva remolque ni excusas entre tardíos rayos de luna, sol mira y el mundo asciende de nuevo a la tiranía del vivir en el borde de una cicatriz.

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