Historia de verano

Esta es una historia como todas con versión y contraversión, él nunca la leerá porque odia las tecnologías y ella nunca lo contará porque sólo pensarlo suena locura. Supongan ustedes que en la barra de un local un hombre pide una cerveza, mira alrededor, ojea unos libros y regresa al lado de su bebida, levanta su vista y nuestra desconocida en la barra se sienta, justo donde ella cree que nadie está. Se miran, ¿quién será ésta tipa? y ella pensará ¡más perdido que un niño en un parque de atracciones!. Habla con los clientes, desvía la vista y pregunta el cine más próximo, ella observa y se da cuenta de su nerviosismo. Cuando yo me jubile …, sorprendida acompañante empieza a pensar, ¡anda, si piensa en jubilarse!, en ese momento se da cuenta de la vejez de pensamiento. La cuestión, en otro tiempo le hubiera llevado en su propio coche directo a la puerta o le hubiera acompañado en esa elección, intuía que era un erudito del cine y con un gusto exquisito, pero no lo hizo, aún recordaba cuando ella acompañó a aquel hombre con su paraguas para que no se mojara hasta su coche y cómo le preguntó qué es lo que quería de él o cuando en la mesa de un bar tomando algo con quién tenía interés en conocer le hace la misma puñetera pregunta. Así que dejó que se fuera como llegó, sigiloso y sin mirar atrás, cualquiera se arriesga en hacer proposición honesta en un mundo, donde casi todo resulta tener fin deshonesto.

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