Llueve … el sendero se borra

Llueve sobre nuestros tejados una y otra vez como si fuera la primera vez, nos dejamos arrastrar por sus gotas con la esperanza de que el cambio esté dentro de cada una de ellas. Caen con la fuerza de una juventud encaminada a lanzarse al mar de las dudas para acabar agarrándose a una alambrada que les haga sucumbir a las órdenes del pastor. Alguna gota intenta, vuela lejos de aquel imán que gira eternidad acabando con el aire de nuestra alma, esa, es las más castigada, el golpe es dado con la fuerza del odio, rompe el camino en dos, así, bajo la espada del ejemplo mantienen rebaño unido, el pastor olvidó que un día fuera gota y dentro de él sendero se borró.

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