Qué

Hacía años que no abría ventanas, apoyándose en el marco del descanso y cerrando los ojos al borde del abismo.

Vidas que no dejaba sentidos mecer entre grillos del desorden y guiar por el guiño del horizonte.

Hacía milenios de aquellas estrellas fugaces cruzando corazón para girar directas a la atracción de sus brillos.

Silencios que sólo veían eso entre tanto ruido y recordó toda aquella inmensidad de cuerpo en único pensamiento.

Eternidades de instantes, que ya nunca volverán, se escondieron tras el alquitrán de una noche enfrascada en algodón y preparada contra el choque de una nube al otro lado.

Bombas a lo lejos traen de nuevo infancia, desde otra perspectiva ahora en horizonte olvidado en el arcón de la vejez.

Y la soledad, eterna compañera, entre las voces de nubes que gritan nombre, se hace eco entre viento, guardando tibia vida, rojas estrellas entre la nada de sus labios.

Ellas han evaporado vuestras sílabas y han dejado estelas abandonadas en el reflejo de las luces y ahora ¿qué?, ¿qué podría hacer?...

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