Migas

Cuando el cielo se vuelve oscuro, miro al bosque, siempre una ráfaga de luz regresa entre las ramas. Sangra postilla levantada y resquema volverla a tapar, acaricio tierra y recojo mi savia.

Seria fácil decir que ya nunca más se va a levantar cicatriz cuando una daga se empeña en volver a hacer pozo para intentar plantar semilla de odio. Quizás sea así para el árbol sin raíz, es posible que vea los pasos tras sus huellas pero no las mías, vuelo cada noche para huir de sus garras.

Debería esconder mi cueva al mundo y reposar mis cenizas tras el bosque que no mira, o quizás debería gritarle al destino que está fortaleza es mundo y que las ramas de mi tronco tendrá una eternidad para mostrar realidad.

Soplo instante, esquivando zarpazo, abrazo sonrisa, el miedo se retira, sabe bien que saboreo ira y la escupo al mundo que le hace emerger de la mentira vivida.

Respiro profundo, aquella niña perdida ha regresado, enseño el camino, corazón bombea libertad, la vías del viaje continúan y las migas de vida guían.

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