Antártida

Donde la vida entrá en letanía el calor se congela en miles de chasquidos a inmensos instantes, bajo la atenta atmósfera de la presión.

Quién me lo iba a decir, que en el buche de la esperanza ibas a perecer y al entrar en cuerpo buscando razones … te iba a encontrar.

Cómo puede ser que el cielo se reflejará en tu cuerpo y mi mente no te buscara entre los cero grados de la inocencia en la ignorancia de ti.

Ahora … te hallo, cuando la vida se desvanece en el acantilado bajo el iceberg en busca de calor, precisamente, casualidades en Antártida … tan lejos y tan cerca.

Te tomo en mis manos, y la inmensidad de lo oculto en el vientre de madre tierra sangra, pequeñez de mi ante ti.

Buceo hasta tu hogar por el cortante camino de la escarcha, y te veo ahí, escondido entre la ilusión de existir, en un mundo agazapado a los ojos que lloran.

Hoy el mundo es más mundo.

Y tú … existes.

Bajo los suelos del tiempo de la Antártida, miles de seres se esconden del mundo, temen encontrar la muerte entre sus dedos …

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