Detrás del tronco

Ha roto con sus dientes las ataduras del pasado, crujido con libertad la coraza del tiempo anclada a su cuerpo.

Ha posado carne rodeando miles de años en aquel tronco, y contemplado la infancia volver a recorrer los caminos ya cansados de sentir su peso.

Ha comprendido como el deseo se apoya sobre una barraca, manteniendo apariencia encerrada en una copa de silencio con la mirada contraria a lo prometido.

Ha escuchado como lo amado agazapado al viento luchaba por volar muy lejos, donde nadie escuchara los sonidos de la verdad entre las cuerdas rotas.

Ha vivido con la prisa de quién siempre llega tarde al amanecer donde siempre debió contemplar, para ver las cenizas de lo que pudo ser aún ardiendo ante su mirada.

Ha visto la muerte frente a frente, cuando la vida giraba y se agarraba a la lava ardiendo con el corazón desnudo de esperanza.

Ha aguantado la ira de lo desconocido, sólo por ser diferente madera y brillar con otro color bajo una luna que escuchaba su voz.

Ha amado sin pedir nada, y aún lo sigue haciendo, aunque el mundo se empeñe en destruir los versos cada vez que acarician espalda.

Ahora, dime, ¿existe tanto odio para lanzar sobre ella, merece ser arrojada de tus entrañas sobre la boca de un volcán equivocado en su erupción?.

Sigo pisando mis huellas, guardo mis palabras, miro la noche que me persigue y camino como nunca lo hice …

sin mirar atrás.

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