Martes en el descampado

Sentir acantilado recorrer piel, cada poro del escarpado es parte de tu sien, golpeado por oleaje de vida desalada.

Vivir con agua al cuello, sobre pradera desbrozada de vida, supurando oxígeno e hidrógeno en sólo un soplido.

Percibir el veneno de quién engulle muerte cada día, sin poder ver el reflejo frente a la espalda de la vida.

Morir cada día un poco más, cuando secan labios sobre la sal seca de una playa desolada de sentimiento.

Nada, absolutamente nada, tiene sentido en el mundo sin sentido. Todo, necesariamente todo, es entendido como balcón del mundo.

La noche llega, el silencio recuerda que hace una vida todo parecía perfecto y en ese devaneo deja errado al día.

Amanece entre las cadenas del ser, se ciñen a la lluvia que cae enlazada sobre su gen.

Camina por los caminos de los premiados en ausencia, retando a la lluvia que cae sobre su despiste.

Es martes y no trece, la suerte se ha marchado con sus torniquetes más allá de la escarcha del alma.

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