La obligación

La tranquilidad de mi alma no tiene precio en escaparate, despierta en la mañana y se acuesta en el regazo del cansancio.

Los molinos de mi boca ya no descargan palabras, sólo tímidas sílabas que se arrastran a tu carcasa.

Vientos han pensado colarse entre las rendijas de sus ventanas, han cambiado de destino los labios del presente.

Agotada despierto del último sueño, apenas recuerdo, pero pies han caminado noche entre nubes en busca de ser recordados.

Sonrisas acompañan lamentos, nadie puede erosionar manera de amar con voces oscuras que se empeñan en regresar.

Miro noticias, más allá de las montañas arden corazones, destruyen presente en busca de un futuro … casi inexistente.

Marionetas de manos buscando motivos para acabar de someter a los perros libres de ese barrio, ladrando regreso de las brisas de los siglos.

Ya no quieren ser, no confían quedarse en esta ciudad, levantan piernas y comienzan a caminar confusos de sentimiento.

¿Acaso pueden obligar a ser rota tarta, estar sin querer, poner pistola para callar voz o mantener cuerpo unido por contrato eterno de papel mojado?.

Escucho motivos, pero no los entiendo, llora sangre y cenizas, en el fondo no quiere irse sólo ser escuchado eterno alarido.

Triste de nuevo, no puedo hacer nada, la historia siempre se repite en esta noria incesante de tiempo.

Silabas nadan en silencio, otras ladran … apenas lloro lágrimas. Sardanas razones caen sobre la esperanza de un pueblo unido.

Foto de Joan

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