El borde de una locura

No sé si me dolió más el golpe, el chillido o los trozos de cristal rodando, lo cierto es que todo retumbó en uno y se clavó en mi corazón jurando lealtad en la daga que se clavaba. No lo vi venir, jamás hubiera apostado al color perdedor si hubiera sabido que iba a ser ganador, es el sino de una bruja, ¿sabes?, aún tengo la bola mágica que acaricio en las frías noches para que muestre el calor del mundo y convierta en cenizas los errores del pasado. Presiento que acecha, en la distancia de un cazador esperando caza, en el tiempo que un asteroide rueda a pupila difuminada en el letargo de un Otoño apresado. Dejo mis dedos tecleen la suerte y digan que carece de sentido mantener alejado atracción de dos imanes que inevitablemente acabarán uniendo sus polos para acabar mostrando luz, luz emanando de la completa oscuridad del no sentir para sobrevivir en el borde de una locura, amar.

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