Noches negras sin satén

Agotada loba se cierne a las paredes del recuerdo, acariciando suavemente cada instante del pasado olvidado, ocaso en cada nuevo paso.

Cree cazador poder atrapar con manada entre dientes cada pliegue de la pared, honda y fuerte a su pensar, renegando mostrada inmensidad.

Idea miles de aullidos, los mismos que el año anterior, y el otro, igual, idénticos aullidos que se repiten como eterno eco en la voz del silencio.

Memoriza nuevo camino y deja mirada reposada en la nieve de una fría entrada, la suya.

A la noche aúlla, llama sangre entre las ondas que golpean cueva, no escucha voces, la pólvora de la mañana se vierte, demasiado tarde, el amanecer mana muerte.

Regresa triste a su guarida, no encuentra razón a las mariposas que no vuelan, deja caer la ceniza en una sola lágrima y duerme el resto sin importarle mañana.

Luciérnagas iluminan de vez en cuando aquel sueño, olvida la herida del viento en su piel, salta las rocas de la madurez y se deja caer por el desfiladero del eco.

El amanecer la mira y empieza a caminar, ha secado los glóbulos de la vida y renueva el aire de sus lánguidas noches, noches negras sin satén.