Madeja

Existe un hilo que nos une más allá de las balas que vuelan, atraviesa miles de alambradas y se adentra en el fuego que arrasa.

Salta al mar que nos rodea y se zambulle entre el fondo marino para recorrer cada roca de su alma.

Hay un hilo invisible a una mirada y más fuerte que cualquier cadena que nos arranque, tan fuerte que abraza el cielo que nos mira.

Surca las edades de la inocencia, arrasa el acné de la juventud, trepando hacia los cimientos de la madurez.

Ahora lo ves surcando las arrugas de la vejez, así, sin importancia como si cada estrella de mi cuerpo fuera suya y supiera acariciar en el silencio el latido de una sirena callada.

Hilos que nos mantienen unidas más allá del color, sangre, enzimas y esperanzas que recorren con prisa las nubes del viento.

Aún me preguntas si amo, si ese insignificante hilo que ha recorrido medio mundo, ha visto miles de señales y ha dormido a tu lado justo donde debería estar cuerpo, ¿debería ser cortado de emoción?.

Abrazo la locura del abandono en el ruido de una única ráfaga de amor lanzada al acantilado del temor.

Así estoy hoy … conmigo … hilando la vida que el último animal dejó deshebrada encima de la mesita del corazón y ya ves con hilo … intacto apesar del viento.

Deja un comentario