Dormir entre rocas

Amor mío, dime qué ves en el cielo que rodea, en la luz que nos abraza desnudos al atardecer de una mirada.

Susurrame al oído los vientos olvidados, se ciñen al horizonte donde la vida nos acaricia con sus alas abatidas.

Ciñete a la cintura del respirar donde el aliento se confunde con el iris de una luz, cruzando la alambrada de las confusas clases.

Busquemos el camino del equilibrio entre el beso y el tiempo, allá donde se cuentan los segundos de los silencios rotos.

Que no exista un acantilado de secretos hundiendonos en el abismo de lo debido bajo la forma de lo correcto, eternamente incorrecto.

Hagamos que nada reste, que crezca sano y fuerte, apague la lava que se empeña en hacernos fósiles de sentimientos.

Quédate en mis sueños y pesadillas, calma el grito del alma perdida, amor mío seremos eternos aún cuando la distancia nos guíe.

Créeme, he estado toda una vida, agazapada entre el gentío de lo monótono y ahora bailo desnuda en la diferencia anclada a nuevos cimientos, fuerte como diamante sin valor en coraza.

Ya ves, todo sucede en un solo segundo del latido más ausente entre el bullicio del crujido de unas manos agarradas al borde de un precipicio, ahora dormido.