Tsunami Insaciado

Es difícil frenar al deseo cuando pone las cartas boca arriba y sientes cada palo de su boca filtrarse por coraza.

Quizás sea menester del diablo, hacerse cargo de tanto pecado en pensamiento resguardado.

Debiera optar la ansía calmar con esmero tal quietud de su vientre exigido.

Y largarse al infierno infinito donde escondido ha pasado la vida de lo efímero expuesto.

O rozar el cielo con la incertidumbre de no saber si al día siguiente la ola regresará a alta mar sin resaca a paso.

Tanto cielo, tanto infierno que ninguno supo responder al calor de aquel volcán en plena erupción.

Así que mejor ser lava y cuando llegue el Invierno convertirme en roca, eso sí, con el calor de un año ya rendido a la orilla del mundo.