Sola en la maleza

Encerrada la belleza en su caja invisible veía como los pétalos comenzaban a oscurecer, el tallo de su cuerpo, con sequedad miraba.

Sólo podía decirle, no escuches las palabras de la venganza, no dejes que la ira de su voz cambie color ni que el viento del recuerdo se inunde de reproche sin deseo.

Sigues siendo tú, flor mía, la misma que mirabas desde el capullo del comienzo, la que te mantenías ahí cuando las voces aireadas de orates tempestades mojaban delicado sentir.

Nunca sabrán como mirarte, cuando sólo por un pétalo roto ya nadie te vio entre la maleza del abandono, pero siempre me tendrás.

Sé muy bien sentir y cómo el cielo pasa todos los días impasible ante ti, mientras alguna nube choca para darte alimento una vez más.

No temas los vientos tornaran y la luz por tu reja volverá a revolotear penas, fuiste libre de nacer y no hay tijera que tale libertad en ti tatuada.

Aquí estaré a tu lado, en silencio.

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