Aullidos

No escuché a los perros ladrando aullidos, no pueden con quejido dañar alma, sólo saben aullar en la noche para atrapar la belleza del rayo que ya no sigue paso.

Mira al mundo sin letargo, huye de las palabras rendidas a los vientos antes resguardadas, ahora buscan de nuevo ser escuchadas.

La paciencia de la dama, danza con sólo una palabra, y se deja abrazar por la manta de la verdad, tranquila ve a perros ladrar.

No saben que ante las fauces de su ira, muerdo sin dientes, engullo sonido para reventar en algún oscuro lugar y dejar grito calmar.

Ya ven, una loba no entiende de intentos y bajo la luna pasea desnuda sobre el monte su luz, aquella que calma herida y deja abrazar tenue voz.