Regreso gata callejera

He decidido sacar gata callejera a pasear, le he puesto un par de botas para trotar, ha subido con sus uñas a decaído tejado, olisqueado el vahío de basura volante gritando con armas desprovistas de rima.

Injurias, rabia, a la gata que salta los tejados de piedra, para luego intentar pulir con los sientos las heridas supurando llagas enamoradas de mi piel.

Hoy, me he despeinado las garras, manifestando con ímpetu mi pesar y he cogido la navaja de las intenciones para roer el tronco de los días que le quedan en cada cascara de vejez atrasada que ahora mismo la atrapa.

Que no se entera, lo que no funciona, no hay mecánico con honra capaz de hacerlo cantar, se descarta entre las birras de miles de inventos a punto de chocar y caen por el precipicio de la impotencia de pensamiento.

Avisé, no encienda mi furia, deje al aire puro limpiar malsonantes estrofas y nada, las injurias de su locura fumandose crack de neuronas y hartándote de pastillas para soñar insistían en afilar mis uñas …

Aquel mundo no entiende porque la soledad hace cola en pasaporte de estupidez y como la noria llevará por el derrape de ruleta rusa lo que reste de bondad.

Ya ve, soy una dama de clase callejera, nunca encontrada en su bolso, lleno de agujeros de intenciones y con ellas me limpio la boca para no volver a tener el sabor de lágrimas putrefactas en el aire.

Ronroneo en los canelones y duermo entre chimeneas apagadas de palabra, escucho sus voces, apagó mi pantalla y emprendo el camino .

La gata callejera sobre el tejado de la estupidez del mismo paseo ya ha desandado maullido y se aburre entre las comas de su destino.