Confesión inconfesa de un delito siempre cometido

Hoy he vomitado neuronas, las he revuelto entre el parto del deseo, nadando ante los seismos de su arrecife.

Sentí mil resacas que me arrastraban a su piel.

Sin tocarla me perdí en ella, nadé en la comisura de sus labios y absorví su lengua entre mis sueños, olvidando las horas de las lechuzas.

Escuché los indultos de su boca, caer uno a uno tras rostro, de nuevo repasaba gestos ante el reflejo del mar para ver cómo podría así, volver a navegar.

Me dejé abordar entre absurdos pensamientos volcando todo mi ser sobre los brazos del deseo, sólo así podría volver a sentir mariposas lanzando vuelos a cintura.

Y lo hice, entregué, una a una las razones de un latir pasajero sobre la cima del mundo, volátil como amor disfrazado de querer y efímero como lo que pudo ser.

No me arrepiento. Lo volvería a vomitar.

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