Drenaje de una lágrima

Miles de lágrimas se desvanecían silenciosas entre la mirada cautiva, cada noche en miles de cunas sus sombras mecían.

Los años fueron atrapando las edades de las sales y en cada Otoño sentía una nueva Primavera pérdida pereciendo entre las aguas de la recortada libertad.

Cuando vio la pirámide caer, majestuosa en su recuerdo, imperturbable al deseo, todas las lágrimas se murieron en lo incierto.

Sola una se ocultó a la sombra del dolor y la risa, agazapada en intento, bajo la maceta del pasado se escondió con solo un lamento.

Cuando quiso mostrar todo el alma que aguardaba en el silencio, rabia ante la injusticia en la melodía del desconcierto, arrojada a los brazos del tiempo.

Ni se dio cuenta, cuando sus ojos dejaron de soñar, cuando aquella tímida lágrima dejo de manar, la luz del ruido había decidido gritar verdad.

Se fue tal como llegó, con cuatro granos de sal en su bolsillo y una sonrisa que ocultaba verdad, la última lágrima se había marchado.