La noche que tembló

Quién dijo que fuera fácil ver el árbol caído envejecer entre las amadas estepas, pensaron que nunca iba a desfilar las brisas entre los miles de vientos, apenas despeinaron flequillo cuando aquellas ramas susurraban calma.

Cómo pudiste pensar que el olvido al blanco horizonte iba a ser recordado eternamente como negra respuesta y la intensidad de aquel pétalo iba a romperse en los pistilos del deseo.

Ahora nada importa, los relojes han elegido la estación donde reposar agujas, los escenarios bajan el telón de una historia que ya no será.

El amor no siempre triunfa, aveces se pierde entre el ruido de las calles, la brisa de la montaña y el laberinto del miedo.

Otras, cobarde se esconde entre los grillos de la tarde que nunca ciegan canto ante el mismo pasillo del desencanto.

Solamente algunas veces, sale de su cueva y roza alma con sonrisa en comisura, te regala una noche y alguna mariposa sale del capullo de la vida.

Entonces, todo recupera sentido, el calor de un beso arropa pasión y desenfreno mientras el día celoso intenta estirar lo que aquella noche … tembló.