Estado de vida

Ha colocado unas cadenas en los tobillos que pesan demasiado, cargado a la espalda mochilas ajenas demasiadas grávidas para débiles vértebras, ha dejado escalar cuerpo sin moverse para sentir el amor corretear entre las esquinas.

Hoy, ha pensado en tí, en el tiempo que te dió bajo las farolas que parpadeaban silencio, noches sin fortuna esperando regreso del amor escondido en el felpudo de otro corazón en la oscuridad.

Y desde la lejanía de lo pasajero dejó sonar los eslabones perdidos de unos besos sobre el amanecer de un nuevo mundo, despertó como si comenzara a caminar con los pies desnudos de sí misma.

Encontró en el paso arco iris que se unía en uno, y vió desvío donde sólo había espinas de lo abandonado en la comodidad del vivir abriendo huella con abrazos en la madrugada del renacer.

Ella se fue como la ola abandona la orilla, versos desvalidos en la mente de la poeta mientras la niebla del amargo aroma ascendía por el gesto de su alma.

Había decidido caminar sola a pesar de que la cobardía insistía en llamar a su puerta, para sólo escuchar un ‘Larga Vida’ tatuada en el estado de vida.

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