Odio

Quiero cegar la mirada, agarrar sus manos, cortar las venas que le empujan a hacer daño, quiero parar el latido del odio.

Ponerlo todo junto en un saco, lanzarlo al volcán en erupción, elevar mis manos sobre el tsunami de la avaricia para ahogar toda su malicia.

Apagar la luz que hace que escuche el dolor del llanto, contemplar yang planeando su piel, carbonizando epidermis hasta hacerles sangrar el dolor de aquel respirar.

Quiero toda la agonía del mundo sobre sus huesos y el pálpito del sufrimiento en su cabeza con forma perpetua, estrujando su cerebro.

Tanto odio en mirada, tanta empatía del ser que late, duele demasiado.

Abrazo a lo mío como si fuera mañana a ser suyo, quiero apagar este mundo, irme a la montaña más alta, olvidar al ser humano que no siente ni padece y mata sin remordimientos en vientre lejano.

Este poema es el sustituto de un grito desde mi ventana, energía fluyendo a su vera, golpeando sus manos, esas que sujetan al futuro intentando ahogarlo.

Recupero la compostura del verso, sangrando tinta al reverso de este contrato, nadie te mando mirar la sangre brotando del mar, nadie te obligó a sentir las rocas caer sobre otras, nadie osó ordenar que vieras pequeño cuerpo volar.

Nadie.

Miré demasiado y ahora la desconfianza camina conmigo. Aquella niña camina a mi lado.

Una niña era colocada sobre el humo de una hoguera, el dióxido de carbono es el primero en instalarse en su hemoglobina desahuciando al oxígeno, si persiste la vida es difícil de ser recuperada. Es letal. La Historia muestra terribles asesinatos con este método. En este caso, parece que hubo vuelta atrás, otrxs no tuvieron esa suerte, demasiadas vidas gaseadas, demasiadas …