Invisible presencia

Mezclando los tiempos en la pecera del silencio, veo caminar siglos bajo la muerte entre el amor del ser.

He dormido una eternidad en las estrellas mientras las noticias gritaban que amar mata.

Una mascarilla en mi bolsillo, unos guantes en la memoria y vacía la despensa, cierra alma por precaución.

Nada es más incauto que el sentir piel con piel, nada más peligroso que respirar pasión, todo es arma lanzada al enjambre de la precaución.

No sientas, te puede matar. Escondete en las paredes frías donde los latidos dejan las huellas ocultas, estira huesos para tocar el cielo y mírame en la distancia.

Salgo a las solitarias calles, espacios muertos llenos de ausencias, búsqueda entre la calma, no existe azar.

Los ríos fluyen por mis ramas y la montaña sigilosa mira cumbres peladas, huellas borradas, empiezo a caminar sobre los vientos que te pueden minar.

Pobreza no tiene opción de agazaparse entre colchón, sale a la calle con la coraza del remedio en el sigilo, la muerte la persigue.

Un virus recorre nuestra tierra, dicen de él que mata al débil, avisa cuando ya sangra la herida y único remedio levantar muros. Dicen que es la única opción para acabar con un ser nacido de la mano que mece el mundo.