Demasiado tarde…

Dinosaurios en pecho recorrían poros de piel, iban recogiendo con fauces el sudor del deseo entre las copiosas texturas de la princesa caída.

El deseo en una mirada, palabras dejaban sin acariciar, perturbando mente con miles de promesas por el sudor del corto gozo.

Sexo palpitaba al recordar el aroma del ardor, quemando con lava pasión, hojas caídas por ansia de ser tomada entre los labios del primor.

Nada fue igual, y como todo, vehemencia calmó trote, deseo sucumbió en el ahora es demasiado tarde… ranita, sólo un nombre y un cuadro le recuerdan con apenas un suspiro… su paso.

Existen poesías que son recuerdos y recuerdos que son poesía.

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