Despedida

Creía que todo había sido sueño que el barco había zarpado sin mirar la estela de su paso y que las olas asustadas acariciaban su cuerpo con descaro.

En el cielo observé el reflejo de aquel intento, escuchando erupcionar el volcán con su calor entre las sábanas de la bondad, eso sí, mirando al mar.

Las gaviotas vuelan ausencias en la mañana de la partida, sin chimenea despidiendo tierra, los ecos de las voces intentan subir a bordo de su escalera.

Sigo mirando el mar, una mano se despide en la cubierta mientras camina al horizonte, es la tuya, sé que lo es.

Mirando el mar.

No puedo hacer nada con la lejanía del océano entre nuestro cuerpo, el barco, apenas una miga del recuerdo navegando.

El mar me mira.

Un vacío queda.

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