Sí, es viernes, lo es.

Contemplé aquel atardecer como si nunca hubiera visto uno, lo cierto es que aquel atardecer era infinito, inmenso como el amor entregado con el corazón.

Vi sus cuerpos muertos, juntos, habían decidido terminar en el océano de aquel letargo y nadie podía ya salvarlos.

Nuestros ojos se cruzaron en la eternidad un solo segundo, sabíamos que no había sido suficiente.

Ellas me dieron su luz cuando la ciudad me enseñaba oscuridad, ellas resistieron el invierno de la quietud en la madrugada, aún siguen allí.

Negro cuerpo, entre las hojas se acurrucaba, pensaba que yo no me había enterado de que detrás de las hojas… siempre hay algo.

Es Viernes, todo lo leído, es lo ocurrido. He salvado lo que merecía ser amado, cuna mecía a Venus y mi cuerpo, por fin, en el mar de la sonrisa… calmaba cansancio.

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