Historia de cómo tanto brillo, nacía muerto

Las edades de los vientos decidieron volar solos en el huracán de tanta tempestad.

Los rayos caen sobre la nieve, reflejan lo que nunca se quiere mirar, cara a cara.

Todo parece tan normal, que los cielos cantan en la distancia, deben con sus plumas regresar.

Miran cautivas miradas para reiterar lo absorbido entre la cebada de la ausencia, para ellos, ‘progres’ de pensamiento, es lo normal.

Caballeros de la noche cabalgando sin reproche, muestran imágenes de lo que quieren ojos ver, ocultando la verdad bajo la almohada de la vergüenza.

Abrasan los rayos del silencio cuando entienden que amor era puro reflejo y que las sílabas de la brisa despejarán camino en turbio pensamiento.

La bondad tiene patas cortas, se esconde tras la oscuridad de las estelas, mira como luces llegan a ella, cuando ya han mutilado sueño en algún Universo paralelo.

No temas, sólo algunas olas acarician su pelo, peinan las penas de ver tanta marea perderse en el mar, ella se queda en la orilla secando heridas y los ve lentamente… sangrar.

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