Hogar

Suena la música, ya nadie baila sóla, la locura cambia de azotea y se deja cautivar por el silencio del arpa.

El chorro de aquella fuente me hace recordar, las horas pérdidas queriendo la última gota agarrar.

Los pájaro cuentan lo feliz de su soledad, como en el cielo, se puede por fin respirar.

Los recuerdos de una vida se dejan por la melodía acariciar, mientras supone todo el mar, en sus olas así navegar.

Los faros se apagan a la tarde, un interruptor de amor se ha apagado en algún corazón y una estrella ilumina su noche.

Apartando oscuras almas, empeñadas en herir a la mañana errante, ahora, el hambre en su mano amenaza.

El buen sustento del mundo, ciego de realidad, se cuela en lo oculto tras cada nueva tempestad.

Madre tierra, prepara movimiento de tierra, desfila la muerte en un tejado, casa en vez del miedo nace amor, aquel era su hogar.

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