Escapada

Esta noche volé con mis alas lejos de la ciudad del silencio, posé las alas sobre el nido de la espera y surqué los vientos estancados en aquella ventana.

Miles de kilómetros durante la oscuridad se comieron el polvo de vida, dejaron las garras sujetar altas montañas cubiertas de sonrisas.

Tuve que volver de aquel paseo, quité mis alas, las guardé en el armario del deseo y me recosté sobre la espalda de las sombras.

Al despertar, el cansancio se asomó al escaparate y la muñeca miraba detrás de él, las persianas cerradas y el bullicio callado.

Los tiempos cambian, cambian las edades de las voces, ya no se ocultan tras los ojos arrasados de vida, ahora se quedan quietas mirando la nada.

Observo al mundo, ahora el escaparate está fuera y las manos no pueden rozar sus rayos.

Deja un comentario