El tejado

Le hubiera gustado decirle que de él se ha olvidado, al amanecer del nuevo día convirtió en deseo no recordado.

Se fue demasiado rápido, antes de saber todo el amor que los bañaba con la sal en los labios, deseosos de anclados cuerpos cubiertos del amanecer del palpitar.

Despertó del letargo del querer, se ciñó al guión de obviar cada beso succionando paladar dejándolo todo vacío a rebosar del mar de la ausencia.

Ahora, entierra con la sal en sus mejillas, cierra la puerta de la brisa de la memoria, se pierde entre las páginas que acarician su piel.

La niebla se disipa, final se convierte en principio, el sol sale de nuevo, la lluvia ya no molesta.

El tejado está preparado para abrazar las nuevas gotas de un nuevo libro con las líneas arrancadas entre versos perdidos.

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