Realidades pérdidas

Sé donde está el mar para volver sobre sus olas navegar, dónde las hojas vuelven a nacer sobre las desnudas ramas del anochecer.

Sé donde mis pies dejan huella y trato borrarlas para no confundir estela.

También donde el cielo grita y con el cálido beso de la brisa abre corazón.

Sé de la amistad que admite dispar, no secciona con autoridad rechazando vida y desdibujando libertad.

Caminan abrazos a ceñirse a mi pecho, subo la montaña y dejo caer peso, el verde iris de su mano vuela sobre el campo.

Huelo las dagas simulando plumas, sin olvidar que aquella herida no cicatriza, sangra y recuerda palabras aladas.

Y luego, veo sus pies patalear nube, giro mirada, ahora son reflejo, regresan con su luz, ciegan pausa.

Lo cierto es que los tiempos muestran cuerpos, las fauces de sus bocas ya no merecen ser aplaudidas y caen las máscaras del eterno relámpago.

Un brillo se deja ver, triste veo 27 razones morir, todo había sido apariencia y la realidad había escapado contra viento y marea.

Escuché cantar «puedo fingir ser», cuando escandalizada busqué entre realidad, voz sentenció… todo el mundo lo hace. Como explicarles que no es así , existen luces tan reales que no se apagan como estrellas al desnudar su cuerpo. Su vida había sido pura apariencia, los baúles de las realidades se reían ante la estupidez de ver sus máscaras caer. A los reales se les tratan de locos y a los aparentes de lógicos. El mundo al revés.

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