Días de encierro

Condenada a ser, a no sentir tus labios sobre los míos, destapados al calor ariandose de emoción.

A no percibir los rayos de sol acariciando la piel de la madurez y dejar caer los tiempos sobre los bosques ausentes de voces.

Estirar letargo de amor sin derecho a reclamación, con pausa en el pensamiento, sin tocar cuerpo.

Condenada a no saber qué ocurrirá con todo el sudor derramado en el camino, demasiado peso para ser liviano arrojo al acantilado del deber.

Abandonar lo amado, por no saber si será contagioso tocar la soledad entre las hojas secas del cielo .

¿Qué le voy a hacer?, si estoy en arrastro domiciliario por ser liposo de mordaz ausencia.

¿Oyes las esposas por mi cuerpo, el sonido del silencio de una ciudad dormida, escuchas las palabras vacías de flores?.

Ya no oigo, un estornudo a lo lejos, y el miedo encerrado en una cueva protegida de rutina.

Primeros días del confinamiento, hace 50 días.

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