Evacuación

Acabo de colisionar, un amasijo de hierros me rodea, fuera hace sol pero el frío se ha instalado en mis versos.

En ellos llueve y graniza la vida, grito auxilio, no hay nadie, me retuercen pensamientos y trato de salir libre de ellos.

Mis piernas bloqueadas no se mueven, la impotencia aparece entre saludos y se ríe, oigo afuera ruido, revuelven lo que me atrapa.

Un voz me habla, ¿estás bien?, ¿ cómo te llamas?, ¿ cuántos años tienes?. Ahora soy yo quien se ríe, no puedo pensar sin ver la niebla sobre mí.

A él le importo, puedo seguir poniéndome en pie, respiro tinta, hablo subiendo cuerpo y hago una descripción detallada de alguien que no se quién es, es pasado.

Ese alguien murió antes de volver a nacer, se apagó y se volvió a encender en el renacer del crecer.

Salgo ilesa de nuevo, los hierros son ceniza y la vida emerge de ella, no hay vuelta atrás, nunca más apariencia, nunca más reflejo de algún cristal.

Evacuación del corazón…

La gente crece a veces para mejorar otras para empeorar, en el transcurso caen cenizas y de nuevo la vida emerge.

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