Veinticinco

Veinticinco motivos para cerrar la puerta, nunca más entreabierta, veinticinco años con horas, esperas en la orilla de lo prometido, veinticinco veranos escondidos en el Invierno de una Primavera seca.

Solo números, suspiros nunca escuchados bajo sábanas enredados, palabras voladas sobre viento y retardadas entre maderas crujiendo esperanza.

Ya llegará susurrabas.

Árida llegada, se deja filtrar en la tristeza de lo que quiso ser, vuelve a la ribera y se sienta sobre ella.

Veinticinco.

Palabra enredada en las sílabas cada día heridas, ausentes de significado, apresando libertad de crecer en la piedra del destino.

Veinte más cinco, ya cambia el baile.

Suenan las olas romper sobre el arrecife, se van las telarañas subidas a la cresta de su boca.

¿Ves?.

Fechas.

Olvidaste senda, ahora los atajos se ríen del laberinto de la vejez, ya no eres ola, ni risa, ni mirada, ni niñez sobre la hierba secando alma .

Hoy en mi calendario es veintiséis.

Existen calendarios carentes de significados, absurdos como un atardecer sin el sol cayendo detrás de los tejados.

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