El viaje

Cierro los ojos, veo la luz de unos ojos avellana, una ardilla sobre la copa de su montaña.

Despego hacia el Universo y miro la cuneta de la muerte, una estrella guiña arco iris y recojo la retina del esplendor en la oliva de un sólo gesto.

Quiero volver a degustar la miel de su orilla, rozar la espuma de mi boca con la roca del dulce sueño emergiendo del letargo deseo.

Debería dejar crujido, saltar saladas lágrimas en cada trozo de luz dejando caer al fondo marino latidos del amor al Universo paralelo.

Los cometas nos guiarán cuando fugaces fauces rasguen las vestiduras del miedo, rozaremos estelas y dejaremos brillos en cada estandarte herido de sangre roja.

Malherido y feliz seguirá ondeando a media asta la órbita estelar de un cuerpo fundido en el cráter de una luna hambrienta.

Tú y yo… caminando por ella.

Ciega luz, nada impide ver.

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