Reportaje

Os presento mi primer relato corto, nacido en el confinamiento del Coronavirus. Espero os guste.

He vivido deprisa, tanto que a veces me mareaba el paso y necesitaba pararme en la cima de alguna solitaria montaña. Aquella mañana, me levanté como un día cualquiera, recibí aquella llamada como otra más, con el humo penetrando mi boca.

Mi jefa me ofrecía hacer un reportaje, estaba cansado de mediocres reportajes e intuía que me estaba cargando uno más. Esta vez, era un reportaje personal, una amiga suya, Sara, con sólo 22 años había enfermado. Pensé ‘¡lo que me faltaba!’, un tema emocional para reventarme el día. Me informó donde iba a ser la reunión, todos los días Sara iba al centro dos horas todas las mañanas, trabajaba de voluntaria en el mismo y tomaba parte de una terapia con una técnica de acupuntura de un conocido maestro japonés, lo impartía en el Centro de Lucha contra el Parkinson llamado Venciendo al Temblor, desconocía todo sobre esta enfermedad. Mi jefa agradeció que aceptara hacer este reportaje tan íntimo, así, que al día siguiente…

Me presenté como periodista del periódico “Informando desde la Calle”, ella sujetaba un folio que temblaba, igual que su corazón, casi podía escucharlo latiendo por encima del silencio, iba a abrirme los ojos y sin saberlo sus manos eran mi guía. Sara era una chica muy bella, estudiaba Psicología, hacía su terapia y ayudaba a los demás, tenía una vida repleta. Ella, se dio cuenta de que miraba su mano, me invito a sentarme y comenzó a hablar. 

– Es uno de ellos, llama la atención pero no he bebido dijo sonriendo. Mi cerebro intenta  luchar pero la mayor lucha está en la aceptación de los demás, esto es también parte de ellos. Hay días que la rigidez de esta carcasa me impide dar un sólo paso, me gustaba hacer montaña, tuve que dejarla, limita. Sé que mis movimientos volverán a nacer y mi voz se perderá en el silencio, no me resigno y me preparo para lo que vendrá. No puedo escribir, necesito que cuentes que existimos muchos luchando, el mundo debe ser partícipe de ello, quiero, que les cuentes que vivimos en un temblor continuo pero el temor del rechazo o la excesiva compasión, es aún peor. Mi dopamina está perdida, hay que poner un granito de cada cual para que la encuentren. Sigo siendo Sara, aun cuando sólo vean un reflejo borroso de lo que fui.

Gracias Sara por abrir tu corazón. Espero, que sirva para abrir otros ojos.

Un año después. 

Víctor, lo siento, es Parkinson.

«Anciana con las manos juntas» Autor Rembrandt

Dedicado a todas las personas que sufren en silencio la enfermedad del Parkinson.

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