Lo que no hice

Estado, pensando.

Tengo más de 45 años y no sé tocar el piano, apenas la posición de unas manos arrugadas por el tiempo sin música.

No he saltado el puente con unas manos agarrando mis pies, pero he sentido el vértigo de caer en un sueño en la tierna edad de crecer.

Tampoco he pintado el cuadro perfecto, mis manos se confunden con los colores dispersos entre patosos lienzos .

Debí volar con las alas cuando me ofrecieron subir sin garras, pero no tenía tiempo de sentir mi cuerpo roto sobre la cima de la montaña amada.

Ni deslizado mis piernas con el control de la bajada, viendo cadera en el descenso de tanta rapidez desatada.

A cambio, he amado con el alma aún cuando nadie lo apreciaba, dejé que entraran a visitar mi cueva y se pasearan por los corredores del pasado, sin miedo a ser etiquetada en el envés del sentimiento.

Disfrutado cada minuto del camino desde que delante de mi el orvallo sin piedad, decidiera destrozar todo el sendero con sudor labrado.

He dejado hacer el amor en mi cuerpo a cada melodía susurrada entre las ondas, sin remedio escapaban.

Espero regresar donde la luz ciegue mirar, dejarme calentar por el tibio paso de una vejez anunciada.

Así, que no hecho de menos lo no hecho, sustituido por vivir cada día en una noria sin melodía con un pie flotando en el acantilado de la pobreza.

He estado en tu mundo y en el mio.

Sinceramente, prefiero lo salvaje.

Pieles que se caen y dejan a descubierto la realidad.

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