La muerte de las máscaras

Morirse en los lienzos, rendirse a sus piernas, caminar esquivando las caras una vez vedadas.

Deja amanecer entre la cárcel de aquella ventana, respira hondo con acierto entre espaldas sintiendo el silbido de unos labios húmedos de amor en lánguido cuello.

Escurriendo rayos entre calles susurrantes de nombres, observando los cuerpos desnudos de algo… en cada uno de ellos.

La decisión del verano de quedarse sin corazón dolió, decidió navegar y buscarlos entre las flores de los vientos, estornudando sin compasión el latido ajeno al suspiro.

Así está entre la escalinata del escenario escondida, entre gradas que se deslizan sin temor dentro de algún cuerpo.

Amanece, cama vacía engulle tiempos, calman las sábanas tatuando brazos,se fundé con ellas y encuentre la sutileza del roce de cada una sin miedo, el placer de vivir sin fronteras.

Ambas vacías me miran, yo queriendo llenar cada centímetro de molde de algo que ocupe lo roído por el hambre, amasando las canas en la soledad.

Dando forma a algo que ofende tanto como la libertad, toman sol, yo sólo tengo palabra cantando melodía y nada importa.

Me alejo del olor putrefacto y corro hacia ella, allí la partitura no rifa avaricia y los cimientos estables esperan implante a tanta corrupción emanando en todos los ríos.

Dibujaré otros lienzos con el aroma de las rosas. Mañana será otro día, aunque sea tarde para cambiar las horas de un reloj averiado.

Deja un comentario