Batalla cardos contra ego en una cima

Mostró tras su rudeza la gran belleza oculta al atardecer, dejó que los colores cargaran la niebla y se adentrara poco a poco en aquella alma empapada de aire, aire convertido viento, viento que volaba bien lejos, alas que revoloteaban cima y yo subida en su brújula comprobaba la pequeñez del cuerpo que en mi corazón latía.

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