Bajo el árbol

Si hubiera una ley que pudiera solucionar el movimiento descontrolado del corazón, se dejaría bailar en el Universo lejano de una voz.

Danzaria movimientos convergentes en el latido del sentir, ¡qué sabrá Newton de lo que nuestras piernas entrelazadas han narrado!, si nos observaba desde el cielo apagado.

Proyectiles de nuestras bocas viajarían sin medidas y volarian hasta perder el equilibrio en el gran pantano de la vida.

¡A dónde vamos tan deprisa sin respetar las leyes básicas del respirar!, ¡dónde llegaremos tan raudo sin querernos!, olvidamos amor en el duro trayecto de la inercia del caminar.

Ahora es él quien llora bajo el árbol de la gravedad, nos espera, llegamos tarde.

Una sociedad que tiende a la individualidad, acaba sucumbiendo como tal.

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