Mientras no estaba

Alas molestan, emiten extenuante sonido en las noches silenciosas.

Sus patas se posan sobre el alimento de mi boca, miran como si nunca hubieran visto molestia con piernas.

Vienen a despertarme en la mañana rozando cara, con el propósito de espabilar gesto pensativo mirando los cielos de los bosques muertos.

Toca el brazo, aparece deseo de levantar este cuerpo y alimentar ansia de molestar el nada.

Ahora la mosca es un pitido, suena cuando estoy haciendo la manicura a la pared del sueño, aunque ella bien sabe que ya no recuerdo pasos.

Lo cierto, es que han conseguido despegar las sábanas de mi piel, tomo un respiro, comienza el día, hoy, tampoco veo la corriente.

Corre demasiado deprisa y aún estoy mirando la mosca, maldita pereza de vivir sin ti.

Deja un comentario