Treinta kilómetros

Existen huellas perpetuas en polvo, otras se pierden bajo nieve, sólo algunas son seguidas por la brisa y recorridas por el cielo en cada paso.

Vidas ocultas en palabras, agazapadas en alguna memoria y silenciosas como mar en calma en la calima de una mirada.

Luego estás tú, rompiendo todo en pedazos como si las paredes supieran de la cárcel donde reposan palabras esperadas.

Y yo, aquí,

sintiendo fuerza empalmada de realidad adosando brazos, fueron simples pasos y en cada uno… ceñida historia.

Gran hazaña, tan pequeña como era aquella mirada.

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