Historia del Coronavirus y el yo.

Veo amanecer de nuevo me llegan noticias de China la gente se muere, un virus recorre el país y se esconde en el amor, aprovecha los roces del calor y se endosa al respirar del latido. Salgo a la calle, es Febrero, quizás finales de Enero, lo duro es difícil de recordar cuando la tormenta está sobre tu cabeza. Empiezo a comprar mascarillas, he visto en mis libros cómo actúa. Miro al mundo, hay chistes sobre ello, la gente se ríe cuando ven las mascarillas en la cara de la gente. No entiendo. Hablo con los sanitarios que conozco, ellos me recomiendan comenzar a proteger, creen que llegará a este paraíso. Entiendo y comienzo a cuidar, salgo a la calle con una mascarilla, la gente se aparta de mi como si la locura fuera ceñida a mi ventana. Ese día fue el último abrazo que le dí, hoy lo recordaba, mamá llevo desde Febrero sin abrazarte le decía, lo sé hija, lo sé, pero tiene que ser así me dice. Intento ayudar a la gente que quiero, recibo ataques, la enfermedad ha llegado, ¿ por qué tienes esas mascarillas tú si no las hay?, sus reproches se continúan, doy consejos, intento ayudar, intento proteger, pero es difícil hacer escuchar a quién no quiere oír las palabras. Nos confinan, el virus está matando, ahora estoy totalmente sola, tengo síntomas de gripe, pienso una y otra vez donde pude haber cometido un error, donde dejé que ese virus pudiera entrar en mi piel. Él desde la distancia me trae un antibiótico, si mi cuerpo reacciona no será el letal, pero si no reacciona todo terminaría. Llamo por teléfono, me llamarán, las horas se hacen eternas cuando esperas en el bordillo de un acantilado y ves las piedras caer a tu alrededor. A la tarde me llaman, les explico mis síntomas y que tomo este antibiótico, mi cuerpo empieza a reaccionar les digo, explico que tomo medidas por la situación personal, les puedo matar ¿sabes?, me dicen que hay pocas pruebas y no me la van a hacer, si el antibiótico actúa eso es bueno, termina diciéndome tenga cuidado con ellos y con usted, lo tengo le contesto mientras desconecto aquella voz que ocupaba toda la sala. El Coronavirus no me había alcanzado, pero os puedo asegurar que en esas horas una vida transcurrió ante mí. Desde entonces el mundo parece volverse loco, la coherencia se pierde por la perdida de libertad, la locura aparece en la negación de la existencia, la lealtad se rompe en la nueva normalidad. Es cierto, la gente cambia, el camino continúa. Lo cierto es que este año debería de ser especial para mi, pero no paro de perder gente, no volverán, no pueden, se han ido para siempre. Ahora el mundo está revuelto, hoy vuelvo a mi silencio, serán unos días, pero el sol me ha despertado con nostalgia entre abrazos. No sé si me matará el virus o los disgustos, pero ¿sabes qué?, hoy vuelve a amanecer y el sol brilla sobre la lluvia. Es Martes 1 de Septiembre del 2020, os vais, regresa soledad.

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