El silencio de la infancia

Los parques ya no escuchan nuestras piernas, sólo oyen los silbidos de sus huellas correteando las edades entre las ramas sulfurosas de perder sus hojas al alba de la rendición. En los cielos quedan los sonidos del albedrío de un bostezo bajo el calor de un amor tras luces de neón. Aún seguimos caminando, a pesar de que nuestras hojas caducas nos recuerden que esos andares algún día fueron de otres y que todo se repite en un bucle de llorones y frágiles cristales mojados por la lluvia de este Otoño, abandonado por ti …

Deja un comentario