Las alas de la soledad

Creo que mi soledad debería tener alas, sí Pizarnik, alas para volar de tanto miedo a volar, para acoger la valentía de una boca que se desliza entre el atardecer y dejarse acariciar por una catástrofe casi natural resultante del amar sin pedir nada más. Cierto compañera de versos no escuchada, cuando desde la ausencia gritabas presencia ni cuando los pájaros miraban a otro barrio. Las farolas encienden llama y la vela aún encendida deja caer la cera casi fría de lo vivido bajo la misma sed. Presiento que aún donde los sueños caminan despacio volveré a sentir el calor, ese negado a tu cuerpo y enmascarado en dulces de muerte. Las luces lejanas anuncian viento y encerrada en la seguridad de las ruedas oigo aullar su fuerza en la cima de una ciudad donde si tienes suerte… encontrarás algo de luz cuando todas las luces dejen de brillar.

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