Veinte escalones

Si pudiera subir aquellas escaleras las subiría una y mil veces, no me importaría que no tuvieran término porque al final de ellas en aquella puerta de madera te seguiría viendo con sonrisa en labios.

Mis brazos extendiendo hacia los tuyos y en ellos encontraría el calor ausente que un techo aveces olvidaba.

Te lo juro, si pudiera eternamente perderme en cada una de ellas y volver a sentirte entre los árboles agitados y las noches pudieran cubrir las frías bocas con una conversación tras una plancha de metal sobre las sábanas que ya no me reconocen…

Lo daría todo, todo lo que tengo, todo lo que carezco, todo lo que soy y dejo de ser sólo por un beso tuyo, el único que nunca pidió nada, el único que amaba al ser que crecía entre lágrimas.

No puedo perdonarte marcha sin despedida y me dejaras subir aquellas escaleras para darme cuenta que al final de ellas la soledad esperaba en el penúltimo escalón del vivir en ti sin ti.

Miento para darme cuenta que a quién no puedo perdonar es a mis piernas por no haber apreciado cada paso para estar a tu lado y ahora se queden quietos y tristes ante tu ausencia al borde de la última escalera.

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