Delirio pasajero

Amanece en el pecado de la estela, llueven ríos entre los acantilados de mi cuerpo, ojos abren tus manos siento las líneas de la vida en el horizonte. Me deslizo entre cada una de ellas y remo hacia el ombligo de tus caderas. Amor mío no erosiones nuestra boca dejemos que hablen las comisuras del deseo y descansemos el fin de nuestros días bajo la sábanas del anhelo.

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