Demasiada inteligencia te matará

El dolor del corazón, es el único sin cura ni perdón.

Una vez rasgado latido es inevitable la muerte del sentir en el fino oído de su voz.

Pido ayuda, mi respirar se entrecorta en el rugido de los leones a mi puerta, grito socorro y los pilares de la ayuda se enquistan de esperanza.

No oyes mi ruido por encima de los tejados y los vientos aullando rincones suplicando mil perdones.

No escuchas los gritos de lo ausente abriéndose paso de generación en generación rompiendo las edades en miles de cristales.

Acaso enmudece la voz cuando le toca remar en el mismo sentido y el dolor del pecho es tan hondo que veo al fracaso de mi vientre clamar respuestas,

en un mundo en que ser inteligente está vetado al humilde, no se puede permitir el pensar para vivir, eso no alimenta cuando hambre ruge.

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