El baile

Siempre había sido embaucada por su amplia sonrisa y ese movimiento de cadera que hacía entrever las puertas al mismo infierno. Maldito el día que bajé vista y vi la danza de una serpiente erguida dejándose deslizar por su ajustado pantalón. Solo a mi pecadora de versos, se me ocurre dejarme envenenar por dulce aroma, mis ojos ya no seguían la melodía, escondían aquellas maravillosas notas entre unos relucientes colmillos. Volé con mi cuello para ser devorada en tales meneos, era evidente la excitación de su miembro,solo pude murmurar ¡ aleluya!, el rezo se hizo plegaria y la diablesa de una mirada le despojo de aquello que impedía la libertad de aquel portento. Era demasiado tarde, mi ídolo roquero era un calentador de ánimos y de ahí su sonrisa. ¡ Ay diablillo!, sabías bien lo que escondías bajo los versos de aquellas intenciones. Elvis había muerto ante mí y el dios de la sensualidad había surgido desde la tempestad.

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